Podrán encontrarme en mi nueva página:

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Papelillos a la mar         Papelillos a la mar

                Por Alfonso Arizcun

jueves, 15 de abril de 2010

ME MUDO

Sí, me mudo de casa.

Después de unos años con los blogs, especialmente con el dedicado al análisis técnico de bolsa, he decidido dar el paso de alojar los comentarios y toda mi actividad blogera en un dominio propio. Hoy, no sin cierta nostalgia, inauguro la que será mi nueva casa en la Red:

http://labolsaderomano.es/

Espero que sea para mejor. Con esa intención se hace.

Allí me encontrarán.

Como en ella les digo:

AVISO: después de sopesar la posibilidad de redireccionar las suscripciones, tanto de feeds como de E-mails, por los inconvenientes que podría acarrear en diversos aspectos, he optado por no hacerlo. Por tanto, aquellos que deseen estar suscritos a las entradas por esos dos medios deberán hacerlo de nuevo desde los iconos que he colocado en cada una de las secciones, en la página principal. Son independientes y, por tanto, deberán suscribirse a cada una de las secciones que les interesen.


Un saludo. Allí les espero.

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jueves, 3 de diciembre de 2009

Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

LÁGRIMAS VERDES



I

Un solo instante –el que va del sentirse al ignorarse- anegará irremisiblemente todo lo que te rodea, inundándolo en un torrente de tinieblas. Descansarás de ti.

Al sumergirte en ese mundo de ensueño recordarás; y tu recuerdo no será más que el prolongado fogonazo de tu vida rescatado hacia la luz. Y te envolverá la placidez de tu sueño, desdeñando burlonamente el gesto torturado de los que te rodean.

Desde tu envidiable posición les verás agitarse sin que puedas refrenar su dolor, o quizá tu risa. Penetrarás la negrura que les oprime sin importarte qué distancias o límites marcan con sus cuerpos. Porque tú ya no estarás allí -¡pobres imbéciles!-, tú ya te habrás ido. Ahora formas parte de la oscuridad que les rodea, y por eso los manejas a tu antojo, les tratas como a peleles, contemplas sus grotescas contorsiones de marioneta cuando tus manos enredan violentamente en los hilos.




II

En el punto exacto que separa la luz de la oscuridad, murmullos apagados como prolongación de las últimas luces recogidas en el fondo de sus retinas. Requiebros de cuerpos acomodándose sobre butacas de brazos compartidos.

Sus grandes ojos verdes, del color delicado de olivas vareadas antes de sazón, traspasados por una nube acuosa de dolor transparente, apenas conseguían contener las lágrimas. Era como si la luz recién perdida de la sala la atrajese para sí y la robase súbitamente de la otra luz de ficción que se abría ante sus ojos. Siempre había sido así.

- Mira, Carlota, a mí que me lancen al aire y que el viento me lleve hacia donde él quiera.

Un rectángulo oscuro es la causa de sus ensueños. La fuerza de su recuerdo es tal que los difusos límites que la rodean son golpeados violentamente por alguna imagen que trata de escaparse hacia la luz.

- Mira, Carlota, a mí que me lancen al aire y que el viento me lleve hacia donde él quiera.

Su cuerpo permanece aletargado, cómodo, mientras la oscuridad se enseñorea de todo. Entonces, ella moldea el espacio a su gusto, se zambulle en la penumbra y escala a su antojo paredes imaginadas. Sólo la contemplación del leve movimiento de una mano o de alguna cabeza frente a ella la devuelve de vez en cuando a ese entorno difuso en la que se halla sumergida. Y de nuevo se siente rodeada de sombras, apenas intuidas en su inmovilidad. Puede distinguir algunas en el mismo instante en que recuerda sus nombres, mas en aquel momento sus perfiles se oscurecen y la negrura se dilata alrededor de sus rostros.

No la encuentra. Hubiese deseado distinguirla entre aquellas sombras, pero es imposible, no está allí. Sólo sus palabras se le presentan nítidas y resuenan para ella con más fuerza que nunca: <¡Te lo prometo!>. Le martillean los oídos sin que logre acallarlas: <¡Te lo prometo!>. Mas ya no importa, no le importa. Le hubiese gustado verla y susurrarle al oído: <¡Ya está; ahora te toca a ti!>. Pero no la ve, no puede verla. Quizá más tarde…




III

Su sobrina no respondió. Permaneció apoyada en la barandilla de madera con la mirada inmóvil y ocupada en la distancia. Por un momento quedó cautiva de su propia imaginación, hasta que un escalofrío, más de incertidumbre que de miedo, la obligó a reparar en las palabras de su tía.

- Sí, que te incineren, ¿verdad? – preguntó Carlota sin esperar una respuesta-: yo también –continuó embelesada en la lejanía, donde se alzaban como amargos agoreros los cipreses que flanqueaban la cansada e irritante blancura de la tapia-. Sólo de pensar en que me meten en una caja, sin luz, sin aire, imposible de abrir si me despierto… -componía el rostro en un gesto que pretendía traslucir el sentir de sus palabras, abriendo con expresión de horror sus grandes ojos y escondiéndolos después tras unas manos exageradamente crispadas-. De verdad, tía, cada vez que lo pienso…, es que me da un no sé qué…

- ¡Quita, chiquilla! –exclamó su tía-. ¡Calla, calla! Qué luz ni qué aire, ni qué nada –alzó ambos brazos como queriendo atrapar entre ellos los disparates que acababa de escuchar-. ¡Esta chiquilla…! Pero, ¿para qué quieres luz o aire una vez muerta? ¡Y bien muerta!

- Tía, pues a mi me da no sé qué –simulaba un escalofrío-. Y, además, no será la primera vez que entierran a alguien vivo –ahora, el escalofrío era más prolongado-. ¡Ah!, y los gusanos… -el escalofrío se convertía en estremecimiento.

- ¡Eso, eso es lo que a mi me parece horrible! –gritó súbitamente su tía, como queriendo que Carlota no completase la frase que acababa de iniciar.

- Los gusanos…

- ¡Calla, chiquilla, calla! –la interrumpió inmediatamente su tía. Siempre tienes que imaginar las cosas. ¡Déjalo, déjalo ya!, que ahora es a mi a la que me da un repelús… -dijo mientras abandonaba el balcón trasero de la casa. Ya dentro de ella, se volvió un instante hacia Carlota, simuló recoger aire en su puño cerrado y lanzarlo nuevamente hacia el aire agitado del balcón, acompañando este ademán con una amplia sonrisa dirigida hacia su sobrina.

Cuando su tía desapareció tras la puerta de la sala, Carlota se recubrió de nuevo de su presencia solitaria. Su mirada recorría otra vez la blancura de la tapia, tan irritante a sus ojos, y en su pensamiento se resolvía aquella imagen que su tía no había permitido completar en su presencia: <¡Los gusanos…!>

Podría resulta extraño el saber cómo se revolvían angustiados tan lóbregos pensamientos en la cabeza de Carlota. Cualquiera que hubiese logrado descifrarlos o tan siquiera intuirlos sin conocerla bien hubiese manifestado su extrañeza o se hubiese preguntado, sin duda, cómo era posible que en aquella juventud tuviesen cabida –con posición privilegiada- semejantes preocupaciones. Sin embargo, para los que la conocían ya no constituían motivo de sorpresa. Y es que toda ella era imaginación y sentimiento, las más de las veces trágico, aunque nunca pretendía ser macabro. La idea de la muerte le asaltaba como un vértigo irrefrenable, con una fuerza que a veces arrastraba también a quien se encontraba junto a ella. Carlota se mostraba con un extraño poder de seducción cuando comunicaba sus inquietudes respecto a la muerte. Conmovía el escucharla, hasta el punto de inspirar ternura en quien descubría sus temores y obsesiones. Quizá era la suavidad y dulzura de su voz, o quizá la sinceridad candorosa de sus palabras, la que provocaba en quien la escuchaba un sentimiento íntimo de comprensión y de respeto al que era difícil sustraerse.




IV

Siempre había sido así. ¿Historias de otros tiempos? ¿O acaso de ahora? Por más que lo intentase, jamás lograba ahuyentar su pena y ahogar sus pensamientos refugiándose en la indiferencia, en el a mi qué me va en ello.

Quizá fuese un anciano con quién sabe qué historia arrastrada hacia el olvido; o quizá un joven cualquiera pagando con creces su juerga nocturna; o acaso alguno como aquel (¿estaría dentro o no?) que le hizo perder el sueño después de ver el macabro espectáculo de su coche envuelto en llamas. Daba igual, su dolor no entendía de edades, y sus ojos verdes menos.

No se acostumbraba. Siempre, por más que se resistiese, le asaltaba de improviso la misma pena de tragedias ajenas. Tanta era su congoja que acababa por inundarse en un llanto empalagoso, de corazón sensible y de lágrimas verdes, ante la sorpresa desconcertada de sus vecinos de butaca.




Siente deseos de escapar de allí: los continuos murmullos le molestan, los encuentra monótonos; las medias palabras siempre le han parecido demasiado hipócritas para reparar en quienes las pronuncian. Mas sabe que debe permanecer en su sitio, soportando las miradas turbias y esquivas de otros ojos que, vagamente, se posan en su cara. Puede sentir su peso, aunque la contemplen procurando distanciarse, como diciéndole: estoy contigo pero me guardaré de seguirte, me mantengo a tu lado pero durante unos minutos tan sólo, a lo más unas horas; pasado ese tiempo cada uno seguirá su camino, tú te irás por un lado y yo por el mío; acaso nos encontremos en alguna ocasión; posiblemente yo saldré a tu encuentro aburriendo tu oído con fórmulas hechas y frases gastadas; o acaso nos reencontremos al cabo de los años para no separarnos jamás; o quizá sea esta la última vez que nos veamos; yo no lo sé; tú… quizá lo sepas ya.

De nuevo resuenan en sus oídos ecos pasados: <¡Te lo prometo, te lo prometo, Carlota!>. Quizá más tarde… Ahora ella tampoco lo sabe. Ahora sólo reconoce un espacio de penumbra sobre el que nadan luces superpuestas que alumbran tenuemente rostros inmóviles, fijos en la distancia. Ahora sólo siente calor, un calor difuso de luces proyectadas que se enreda entre sus dedos y le resbala con zigzagueo continuo, ceremonioso, sin que pueda retenerlo. Ahora suda, y su sudor es frío, de goterones helados que la empapan. Comienza a sentir agobio de ropajes demasiado ceñidos y de ambiente cargado. El aire le pesa. Sin embargo, permanece en su sitio sin mover un músculo; es necesario, debe ser así, siempre ha sido así. La cabeza ligeramente elevada hacia la concurrencia, el cuerpo recto, las manos juntas, casi ocultas, apenas entrecruzadas. Sí, debe ser así. Aunque el dolor comience a apoderarse de sus miembros, aunque el cansancio de postura mantenida y de reposar inmóvil le recorra todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, siempre había sido así.




V

Se calza las botas y atraviesa el zaguán. Al traspasar el umbral de la puerta siente una sensación extraña; la misma que le asaltó a su llegada de la ciudad. El aire no es el mismo sin los ladridos de Marte. Después de tantos años acostumbrada a las muestras de júbilo de su enorme mastín cada vez que la veía subiendo la cuesta que conducía a la casa, o a sus ladridos de protesta al alejarse por el camino embarrado hacia la Cueva de as Brujas, se le hace raro descubrir casi de improviso que junto a la puerta no hay más que vacío. Sólo una cadena arrojada en el suelo que no sujeta más que vacío. Si acaso sujeta un recuerdo demasiado doloroso para no llorar. Se agacha para recogerla y arrojarla hacia un rincón menos visible, menos evidente de aquella ausencia, pero en el mismo gesto de alargar el brazo se contiene. Ni siquiera osa tocarla; es mejor así. No tiene derecho a borrar recuerdos; ella menos que nadie; ahora.

Dobla la esquina y se encamina hacia el portón que separa la pequeña huerta familiar del camino. Lo abre con algún esfuerzo. Todavía al volverse para cerrarlo fija una vez más su mirada en el puesto vacío de Marte: lo ve a través de una espesa nube de lágrimas que le resbalan copiosamente sin hacerse oír. Le brotan de lo más profundo de su alma, y por ello es que son silenciosas. Demasiado tristes para ser escuchadas. Lágrimas verdes al cabo.




El Camino de las Brujas –como era conocido en el pueblo-, resultaba bastante incómodo para andar por él en invierno. Con las primeras lluvias uno de sus tramos devenía en cauce natural que, si bien no recogía gran caudal de agua, ésta sí circulaba por él con la suficiente constancia como para convertir el camino en un barrizal durante la mayor parte del año. Esto, añadido a lo poco frecuentada que era la Cueva dado su escaso interés para los habitantes de los contornos, hacía de aquel camino y de los parajes circundantes a él lugares solitarios. Por ello, los alrededores de la Cueva y la Cueva misma eran lugares preferidos por Carlota para esconderse y pensar, y en no pocas ocasiones para recordar y llorar penas.

Allí había idealizado solitaria su primer amor. Ese amor de fantasía, adolescente e impreciso, tan irreal y pasajero como su propia edad o su vida. También esos parajes habían sido testigos de sus lágrimas tras la muerte de su tía o de su amiga Ana. Allí, entre jaramagos y helechos, crecían arrojadas penas y pensamientos íntimos que con frecuencia recogía al hilo de sus paseos.




El camino hacia la Cueva de las Brujas es hollado de nuevo por sus botas de agua, tratando de encontrar en él la serenidad y el consuelo que no ha logrado todavía.

Su andar es ligero. Quiere sudar, necesita sudar. El esfuerzo siempre le había ayudado a sobreponerse. Al menos, durante su caminata, el esfuerzo y la pena se nivelaban, uno ayudaba a la otra, difuminaban sus límites al igual que el sudor diluía en él a las lágrimas.

Llega a la Revuelta del Cementerio. Por unos instantes duda. Contempla la tapia –irritantemente blanca- y siente ganas de gritar: ¡cómo era posible que un lugar tan triste pregonase de aquel modo tan arrogante su presencia! Inmediatamente, recuerda a su tía y decide reemprender el camino hacia la Cueva: nunca había podido soportar la visión de la tumba de su tía, saber que estaba allí enterrada sin atender a sus deseos de incineración. Es verdad que sólo ella había sido la confidente de sus deseos, que en una sola ocasión expresó veladamente su voluntad, pero no era menos cierto que con aquella única vez se había establecido un pacto de sentimientos entre las dos que nunca la dejaron cumplir. Para Carlota aquello había supuesto un sufrimiento añadido al de su muerte, que le costó un gran esfuerzo siquiera el asumirlo. Porque siempre pensó que su palabra hubiese debido bastar para que se cumpliese la voluntad de su tía. No soportaba ver su tumba de después de haberla oído expresar su repugnancia a ser enterrada: no era miedo lo que sentía sino asco, verdadero asco a que se la comiesen los gusanos. Y después de todo allí estaba. Desde aquella muerte, Carlota persiguió un férreo deseo que no tardó en cumplir.

Alcanza el tramo que sirve de cauce improvisado a las aguas. El barro se adhiere a sus botas y le cuesta avanzar. Así es mejor: más esfuerzo, más sudor… Aprieta los dientes y se mantiene sobre el camino. Quiere llegar, necesita llegar pronto para refugiarse en la luz adormecida de la Cueva, y pensar, y recordar, sin ser vista, sin tener que soportar miradas, ni voces, ni presencias cercanas recitando fórmulas hechas y frases gastadas. Cuanto antes llegue, antes podrá contemplar su vida, en soledad.

Al fin, divisa a lo lejos aquel como ojo oscuro que la atraía irremediablemente hacia sí. No era grande, no es grande, apenas de una altura comparable a su estatura, abierta sobre una ladera lo suficientemente escarpada como para ignorarla –o ni si quiera reparar en ella- si no se va allí resuelto a adentrarse en su negrura. En el mismo instante en que la ve, se detiene bruscamente. Se queda como embobada contemplando la belleza natural que ofrece aquel paisaje desde la distancia. Quizá es que esta tarde le embarga un sentimiento de pesar distinto al de otras tardes. Quizá es que la pena que ahora arrastra sobre el barro se muestra recubierta de nostalgia y, al contrario que otras veces, se deleita bucólicamente en aquel paisaje hasta ahora ignorado en su interior. No conoce con certeza a razón de su ensimismamiento, pero, en todo caso, aquella visión la ha reconfortado. Sin embargo, sigue necesitando la soledad mortecina del interior de la Cueva y ansía llegar a ella.

Emprende de nuevo el camino y, ya sin detenerse, llega al pie de la ladera. Comienza a subirla, en tanto que en su boca se deshace lenta y calladamente el nombre de Marte, como procurando paladear el sabor de cada letra. Y una vez más le resulta amargo un nombre pronunciado en aquella subida. Era curioso que un lugar en el que había derramado tantas lágrimas fuese –sea- tan querido para ella. Y es que las penas no le venían de allí, la acometían desde fuera, se ensañaban con ella casi a diario, a veces sin saber siquiera de dónde procedían. En ocasiones se veía asaltada de improviso por la tristeza, sin conocer su causa; y se daba a llorar largamente con lágrimas sentidas desde lo más hondo de su corazón, aunque ni su corazón conociese el motivo de su tristeza. Por ello es que la Cueva de las Brujas era para Carlota un lugar tan querido; porque le dejaba espacio para pensar, para recordar, y allí recomponía sosegadamente su intimidad, desgastada a menudo por lágrimas verdes.

Se aposta frente a la boca ovalada de la Cueva. Se seca el sudor, ya frío, y escruta hacia el interior: como siempre, allí se mantiene, labrada en la oscuridad y pegada a las paredes de la Cueva la soledad que tantas veces ha abrazado. Se adentra en ella y espera a que sus ojos se acostumbren a aquella penumbra deseada, solitaria, para ella sola. Pronto puede distinguir la superficie abovedada que la rodea. Alza la mano para tocarla, casi para acariciarla. Las paredes de la Cueva son tersas, como pulidas delicadamente por sus muchas visitas, como si el dolor que ella trasladaba allí tan a menudo hubiese ido corroyendo lentamente sus rugosidades naturales hasta legar a suavizarlas de aquella forma. Es una suavidad fría, húmeda, nada acogedora, que cala, sin remedio, hasta los huesos.

Pero Carlota se siente bien allí, siempre se sintió bien amparada entre aquellas solitarias paredes. Nunca le había importado que la piedra sobre la que apoyaba su espalda rezumase humedad con tal de hallar su espacio –se diría que connatural a ella- bajo aquella bóveda musgosa. En cuanto alcanzaba la boca sobre la ladera avanzaba hasta el fondo de la Cueva, a cinco o seis metros de la entrada, y, contra la pared, se acurrucaba. Allí la oscuridad se hacía más densa, y Carlota apenas podía distinguir los perfiles de sus brazos como no fuese elevándolos hasta la altura de sus ojos y viéndolos en contraste con la claridad de la entrada.

Ese era su espacio, y ahora, de nuevo, lo busca. ¿Qué otro espacio sino aquel?




VI

¿Por qué no conseguía hacer lo que todo el mundo: limitarse a disfrutar de la película sin pararse a pensar qué es lo que se escondía al otro lado de la pantalla? ¿Por qué había de derramar lágrimas por los muertos ajenos, que ni siquiera sabía si existían? De lo único que estaba segura era de que sus lágrimas eran reales, de que la pena la consumía cada vez que imaginaba a los familiares doloridos velando el cadáver de su ser querido.

¡Notaba tan cercano ese dolor! Apenas a unos metros, tras la gran pantalla de imágenes coloreadas. Hubiese bastado un pequeño orificio en el muro del fondo para contemplar las caras recorridas de angustia en torno a un ataúd.

Además, los tanatorios eran lugares tan impersonales, tan igualadores… Cuando ella muriese preferiría que la incinerasen. Así, por lo menos, no tendría que aguantar el trasiego de gentes llorando por su causa y repartiendo pésames ante su presencia amortajada. Así, ella no sería la causa de que alguien llorase en un cine imaginando lo que sucedería más allá de la pantalla. Aunque, quizá, eso sólo le sucediese a ella.




Un mareo, como de movimiento brusco, la descompone. Es un mareo de un instante, como de ser arrojada violentamente dentro de sí, como de un despertar repentino. Otra vez la oscuridad más absoluta. Poco a poco, la imprecisión de la penumbra. Frente a sus ojos, como agüillas, vuelven a discurrir las sombras: ahora se tocan, ahora se besan, ahora se aprietan fuertemente las manos, ahora se mueven por entre sombras y butacas, inseguras, tímidas, cohibidas, molestas.

La misma molestia que en algunas descubre la siente Carlota por la presencia de aquellas. No le gusta que la miren, que la observen escrutándola, que estén pendientes de su gesto, de la palidez de sus labios ni del verde agostado de sus ojos. No le gusta que murmuren de oreja a oreja sobre la condición de su vestido o la posición de sus manos. No le gusta. Nunca le ha gustado. Ahora menos.

Siente la molestia de su presencia porque, a la vez que la observan, ella sostiene sus miradas y profundiza en sus ojos, y ve en ellos cómo le van haciendo el vacío, cómo le lanzan paulatinamente hacia la soledad más absoluta, cómo le dan de lado por ser distinta, por no ser como ellos. Se apartan de ella aun sin saberlo, aun sin quererlo algunos. Aunque este apartamiento ahora sólo se trasluzca en sus miradas Carlota sabe que pronto se separará de ellos y que acabarán por relegarla al olvido. Quizá le recuerde alguno, siempre hay alguno. Los más lejanos es improbable. Los más cercanos quizá: por su mirada, o por la forma de moverse, o por sus lágrimas verdes.

Y no es que Carlota desee permanecer entre aquellas sombras, no es que envidie sus vidas, no es que le mueva, ahora, el deseo abrazarlas. No, no es eso. Es que todavía está allí; aún debe permanecer allí. Eso es. Todavía está allí y esto le impide verla. Porque se le adelantó, la dejó atrás sin darle tiempo a recuperar su mano, fue más rápida que ella y la perdió tras la penumbra, la dejó adentrarse sola en aquella oscuridad de la que ahora no le es posible salir, de la que no sabe salir. La penumbra no le deja distinguir el camino, la negra densidad cada vez la agobia más y las miradas a su alrededor comienzan a ahogarla insoportablemente.

Quizá más tarde…

Quizá más tarde la encuentre. Le tenderá la mano y la sacará suavemente, de puntillas, de aquel remolino de caras y sillas. Entonces, se reirán juntas. Recordarán sus palabras, sus angustias, sus temores. Y se reirán de todo. Se asomarán hacia los que ahora la contemplan vanamente, hacia los que la miran y no la ven en la oscuridad. Y lanzarán de sus bocas las más burlonas carcajadas. Porque la miran embobados y nunca han entendido sus lágrimas, porque la rodean sin quererlo y se hacen cruces ante su cara triste. Porque ella, entonces, ya no estará allí. No, no estará: acaso haya salido hacia la luz, en busca de la luz, y recorra junto a Ana la calles mortecinas o camine solitaria por el Camino hacia la Cueva o, posiblemente, se introduzca una vez más en la penumbra repentina del cine, de algún cine.

Una suave fragancia airea el espacio agobiante que la envuelve. La siente de repente, como una bocanada salvadora que, al contacto con su aroma delicado, va disolviendo en su propia negrura a todas aquellas sombras. La visión cansina y nerviosa que la perturbaba se deja arrobar por aquel perfume que, sin duda, ha olido en otras ocasiones; un perfume que le recuerda a suave fragancia como de flores cortadas. Y se siente arrebatada, y se deja arrebatar.





Estaba firmemente decidida. Lo había meditado largamente en su último paseo, agotador, por el Camino de las Brujas. Tres veces lo había recorrido de un extremo a otro tratando de aclarar sus ideas, sus sentimientos, sus deseos confusos, procurando abrir un hueco de luz por entre la maraña de sus emociones. Pero, al fin, lo había decidido.

La reciente muerte de su tía, tanto más cruel por lo inesperada, la había golpeado en lo más hondo de sus frágiles pensamientos. Habría sabido reponerse de tan profundo golpe al transcurrir de los días o los meses, quizá lo años, porque sabía que con el tiempo las heridas del alma se restañaban, dejaban de supurar amargura para quedar tan sólo como cicatrices de la memoria. Y esa cicatriz se hubiese mantenido en su recuerdo para siempre, como tantas otras de las que guardaba en la memoria y que destapaba a menudo al amparo de la Cueva. Hubiese conseguido cerrar su herida si no fuese porque la aguijoneaba constantemente ese resquemor del deseo incumplido de su tía. No alcanzaba a comprender cómo sus palabras habían tenido tan poco poder de convicción, por qué no le habían hecho caso. Ella lo había intentado por todos los medios: razones, aseveraciones, juramentos, gritos desesperados, lágrimas… Todo inútil. Tan sólo había logrado acrecentar su sensación de impotencia y, con ésta, abrir más en ella la herida de la muerte.

Pesando sobre sus hombros el sol aplastante de otro mediodía, al fin, había resuelto la lucha que durante tantos y tan agitados días había sostenido contra su propia confusión. El fallecimiento de si tía había supuesto un aldabonazo para sus imprecisas elucubraciones sobre la muerte, sobre su propia muerte. Se había despertando en Carlota el deseo imperioso de concretar de alguna manera todos aquellos revueltos pensamientos que, desde que tuvo uso de razón, le bullían en la cabeza. Se podría decir que, de algún modo, Carlota había mantenido una larga conversación con la muerte real, que la había palpado por primera vez fuera de su imaginación y que aquella directa y dolorosa relación había terminado por reforzar sus más recónditos temores. Aunque aquella mañana ya había decidido la manera de apaciguarlos un tanto, de amortiguar su empuje.

Emprendió una vez más el camino hacia la casa. Dejaba rápidamente a sus espaldas la Cueva que aquella mañana no había pisado: había querido recoger el peso del sol sobre su carne y sentir los goterones de sudor resbalándole por la frente, por los párpados, por las mejillas, para confundir con él las lágrimas y poder pensar libremente, sin penas. Así, enjuagándolas en el sudor, las penas se adormecían, y Carlota hallaba el suficiente sosiego como para abrir ese resquicio de luz que, al fin, la había alumbrado. Ahora, camino de su casa, cuanto más ahoyaba en ese resquicio más ancha y diáfana se le presentaba aquella luz abierta en su interior, y a medida que ésta crecía la herida de la muerte se le iba cerrando.

A la vista del cementerio, se reconoció transformada. Fue un instante, una chispita hacia su cerebro escapada del entorno de luz que parecía envolverla embriagadoramente. Sentía pesar por su tía; sentía pesar por su muerte y por mantenerla yaciendo bajo una tierra que no había deseado. Pero ya sólo era eso: pesar, pena; ya no miedo ni asco. ¡Qué más daba lo que hiciesen con tu cuerpo una vez muerta! Como su tía le había dicho aquel día: <¡Y bien muerta!>.

Pero la chispita se apagó en un instante y volvieron a Carlota en tromba todos sus temores, como conducidos por un destino que amenazadoramente se cerniese sobre ella. Sentía que la seguían en sus pasos y la espoleaba a cumplir su decisión con urgencia. Sólo así conseguiría aquietar su miedo. Sólo así la herida de la muerte se le cerraría definitivamente y, pasado el tiempo, quizá lograse asumir el fallecimiento de su tía como una más de las cicatrices que guardaba en su memoria.

Tanto era el empuje que había cobrado en su voluntad la firme decisión de hablar con Ana aquel mismo día que ni siquiera fue capaz de retrasar su llamada unos minutos más. Presa de un impulso irrefrenable, se lanzó en carrera hacia la casa, levantando con sus botas una estela de polvo gris que lentamente era remontado por un viento suave que lo aplastaba contra la tapia del cementerio y enturbiaba la blancura insoportable en torno a él.

Los ladridos jubilosos de Marte se dejaron oír desde el pueblo. Carlota dibujó entre sus jadeos una amplia y sostenida sonrisa, al tiempo que saludaba a su perro con el brazo izquierdo alzado. Siempre supo Carlota del cariño que se tenían ambos, pero ahora, mientras corría esperanzadamente hacia su casa después de haber sostenido en soledad aquella agria y larga lucha interior, al escuchar los ladridos de saludo le pareció que aún le quería más que otros días, y que este sentimiento también era compartido por Marte.

Llegó hasta el portón de madera, lo abrió apresuradamente con chirridos de humedad y de sol y cruzó, abriéndose paso, por entre la pequeña huerta, sorteando a trompicones las matas granadas de frutos como el último obstáculo a salvar entre ella y su querido perro.

Marte dejó de ladrar y avanzó excitado hacia la carrera ya refrenada de Carlota. Estiraba desde su cuello con fuerza para abalanzarse sobre ella. Pero Carlota trató de apaciguar la fogosidad de su perro antes de acercársele, pues sabía que una acometida de Marte podría dar con ella en el suelo. Enseguida, se fundió en un prolongado abrazo con él, durante el cual Carlota no pudo por menos que derramar emocionadas lágrimas verdes sobre el lomo ancho y robusto de su blanco mastín.

Los de Carlota eran abrazos intensos, en los que parecía ofrecer lo más profundo de su alma; y realmente así era: se dejaba en ellos la verdad, su verdad de cada momento. Podían se abrazos alegres o tristes, bruscos de un instante o prolongados, pero siempre emotivos, porque siempre volcaba en ellos sus sentimientos más sinceros. Era fácil descubrir en ellos el ritmo acelerado de un corazón sensible.

Tardó un largo rato en despegarse de Marte, pero una vez que se hubo serenado se puso en pie y se enjugó las lágrimas. Sintió de nuevo la necesidad de hablar con Ana cuanto antes. Penetró en el zaguán con urgencia como quien se arroja precipitadamente hacia la sombra huyendo de un calor sofocante, y con metódica desenvoltura se deshizo de las botas, las sacudió en un rincón y se calzó las zapatillas de paño grueso y desgastado que había abandonado allí unas horas antes. Mientras subía por las escaleras hacia el primer piso, reparó en lo precipitado de su arranque: ni siquiera había pensado en cómo redactaría la carta; tan sólo sabía lo que quería resolver con ella, pero no cómo lograrlo. ¿Y si, después de todo, su carta no servía para nada?, pensó. Quedó atenazada por la duda. Se mantuvo paralizada a mitad de escalera sin acertar a decidir si avanzar hacia el teléfono o volverse de nuevo hacia el polvo del camino para reflexionar. Desde sus piernas inmóviles un calor de congoja le fue ganando rápidamente todo el cuerpo, como una corriente que iba trepando por sus miembros y se dejaba notar al instante en una cara excesivamente encendida. Reaccionó: en todo caso, pensó, lo había meditado durante horas y lo que debía hacer era llamar en seguida a su amiga para quedar citada con ella y, si conseguía redactar la carta adecuada, entregársela. Luego… ya se ocuparía de indagar la validez o no de su escrito.


VII

Quizá… eso… sólo le sucediese a ella… La gente iba al cine a divertirse, a olvidarse de sus problemas. Pero… ella también; y, sin embargo, no podía evitar que su pensamiento volase por la sala y acabase traspasando la pantalla.

Cuando una secuencia abría un cielo o una luz en el horizonte, la claridad rebotaba sorpresivamente hacia su cara y se expandía más allá de ella descubriendo las furtivas lágrimas que le empapaban el rostro , y las miradas a su lado se le hacían más patentes, más directas y lacerantes; se volvían hacia ella y se golpeaban con el codo, e incluso, algunos, la señalaban burlonamente con el dedo, y no faltaba quien, tras la sorpresa inicial, desataba una burla idiota, la torpe burla del suficiente.

Pero a ella, qué le importaba lo que los demás pensasen.




Alguien, al que no ve, musita palabras a su espalda, va engarzando frases lentamente. Sólo escucha el ronroneo cadencioso de sus labios, como palabras vertidas hacia un oído atento y amoroso que las recibe. Quizá las pronuncia al tiempo de dibujar una sonrisa que se aplasta en unos ojos anhelantes de ternura; ojos que piden ser atendidos, ojos cansados de mirarlo todo a su alrededor y no ver nada, ojos soñolientos y agarrotados por el continuo zigzagueo de luces que les acompañan desde el fondo. Todo esto imagina Carlota de quien deshace a su espalda palabra tras palabra con el cansino ronroneo de un hilillo de voz atiplada, como el tañido acompasado y constante que disuelve el amanecer doblando a muerto.



VIII

Desde su cama, oyó entre sueños el ruidoso zumbido del teléfono. Ni se inmutó. Se revolvió mansamente entre las sábanas amparándose ante la fría humedad de la amanecida que impregnaba el aire de su habitación. El rinrineo machacón comenzaba a exasperarla, pero no estaba dispuesta a levantarse. Cesó la llamada. Otra vez el mismo zumbido insistente. Al cabo de unos segundos volvió a sentir un frío helador sobre su cara, al tiempo que el teléfono dejaba de sonar a mitad de llamada, con la brusquedad sorda que se percibe al ser descolgado. Al fin se veía liberada del pequeño pero molesto conflicto –por lo ambiguo- de debatirse entre la pereza fastidiosa de levantarse y el remordimiento egoísta de permanecer entre las sábanas, que ni le permitía seguir durmiendo ni le aconsejaba arrojarse desde sus sábanas cálidas hacia un suelo helado.

Podía oír un murmullo lejano que volcaba palabras y silencios sobre el otro extremo del pasillo, en tanto que ella se regodeaba en el calor mantenido de su cuerpo bajo la manta, victoriosa sobre el inoportuno cliente – sin duda era un cliente, como en otras muchas ocasiones- que madrugaba tanto o más que sus gallos y sus gallinas ponedoras. Fue recobrando dulcemente el sopor, como arrullada por los murmullos al otro lado del pasillo, apenas percibidos ya, hasta que la nube de su sueño la ganó de nuevo.

Podrían haber pasado unas horas, o quizá unos minutos a juzgar por la tenue luz que todavía rayaba la pared frente a las persianas, mas tan sólo transcurrieron unos segundos. El golpeteo sobre la puerta de su cuarto la sacó de las honduras en las que se hallaba sumergida. No se sobresaltó. A pesar del sueño que todavía la invadía, casi podría asegurar que había escuchado las pisadas de su madre acercándose hacia su cuarto y con sólo oír el sonido humedecido de sus pasos había comprendido que le acompañaban noticias desgraciadas. Su madre asomó la cabeza tímidamente, como guardando alguna palabra en su boca que no podía pronunciar. Una rendija abierta hacia el pasillo iluminaba ahora el fondo de la habitación y el rostro de su madre, que, al fin, balbució:

- Una mala noticia…

Carlota no la entendió, pero por el aspecto compungido de su cara, apenas adivinada, confirmó que algo triste había sucedido. Entonces comprendió que la llamada que se había escuchado hacía unas horas o unos minutos –en realidad unos segundos-, y a la que tanto se había resistido, estaba desatando algún lazo de su vida, acaso desgarrándola.

La madre traspasó la puerta y la cerró tras de sí, apoyó su espalda pesadamente sobre la pared jaspeada de luz frente a la persiana y, ya con voz más templada, tras un suspiro de abatimiento, dijo:

- Ana ha tenido un accidente.

La frase sonó como un mazazo retumbando salvajemente en los oídos de Carlota desde la escasa claridad de la cara de su madre. Lo seco y escueto de sus palabras era poco alentador para quien, como Carlota, las escuchaba apenas sin sacudirse, confusa, las últimas sombras de una duermevela interrumpida en ese instante. Esas palabras, junto al gesto impreciso de su la madre, semioculta frente a Carlota, más bien dejaban traslucir un desenlace fatal que no quería o no podía manifestarse de golpe, crudamente, sino que había que ir desgranándolo delicadamente, dejando que la imaginación se adelantase a las palabras y mitigando de esta forma su rudeza.

Carlota permaneció muda, incorporada sobre la cama, preguntando con sus ojos lo que no se atrevía a preguntar con palabras.

- La han llevado al hospital. Está muy grave.

Carlota sintió como si un peso se le descolgase desde el pecho. Había temido lo peor, y las últimas palabras de su madre le habían abierto una esperanza que no creyó poder acoger hasta ese momento, pues su imaginación –como siempre sucedía- ya se había adelantado a la realidad.

Libre ya de la primera sorpresa, se lanzó a un agitado e inquisidor movimiento de manos y labios:

- ¿Qué? –exclamó-. ¿Cómo está! ¿Dónde…! – pero no acertaba a controlarse e inquiría las razones atropelladamente, presa de un frenético desasosiego que acabó en un estallido histérico de gritos y lloros sobre el pecho consolador de su madre.

Al cabo de unos minutos, se serenó lo suficiente como para dejarse acariciar mansamente y volver a preguntar, más pausada:

- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está?

- Ha llamado su hermano. Que ha tenido un accidente con su coche y que está muy mal.

Carlota ardía sofocada en medio del aire frío que la envolvía. Los latidos de su pecho se agolpaban furiosos y un hormigueo nervioso le recorría las piernas enflaqueciéndoselas y le subía hasta su estómago que temblaba como un flan.

- Dice que está en el Hospital de San Miguel, y que de momento no saben más porque la están operando todavía. Que llamaba para avisarte y…

Carlota no esperó más. Se abalanzó hacia su ropa, doblada sobre una silla, recogió sus zapatos y, desvistiéndose torpemente mientras corría por el pasillo hacia la escalera, ya solamente escuchó su corazón trepidante y los sollozos mezcla de dolor y esperanza que le afeaban el rostro y empequeñecían sus grandes ojos verdes.

La madre se asomó al pasillo, sembrado de ropa por el suelo, y vio la espalda de Carlota perderse escaleras abajo. Tan sólo pudo gritar un “¡hija mía, espera!” que sabía que era inútil y escuchar los botes atropellados de su hija sobre las escaleras de madera; al momento, los ladridos de Marte que pugnaban por seguir al coche rojo camino abajo, tirando del cuello con fuerza.

Quería verla y decirle que no se preocupase, que ella estaba allí, que permanecería junto a su lecho cogiéndole la mano con fuerza, que no la abandonaría nunca. Deseaba que le prometiese que no se iría sin ella, que no soltaría su mano para dejarla sola. Todo eso pensaba Carlota mientras sostenía nerviosamente el volante de su coche camino del hospital. Y todo esto alcanza a recordar ahora, mientras acurrucada al fondo de la Cueva levanta sus brazos a la altura de sus ojos y los ve en contraste con la claridad de la entrada.




Vuelve a abrazar su cuerpo acurrucado, y en su cabeza discurre, secuencia tras secuencia, momentos de su vida que, allí, arropados entre aquellas paredes de piedra fría y tersa, bajo la bóveda verdeada por el moho, la inundan completamente. Se abraza de nuevo el tronco y no lo hace para buscar su calor ni para sacarse una humedad que le sobrecoge todo el cuerpo, sino que se lo aprieta fuertemente –los brazos entrecruzados, las palmas de las manos sobre la espalda- porque quiere sentirse de nuevo; necesita recoger unos latidos que se le escaparon demasiado aprisa, volcados atropelladamente sobre el lecho blanco -¡blanco, blanco, siempre el insoportable blanco, todo blanco!- y doloroso de su amiga Ana, a su lado, junto a ella. Mas únicamente recoge el tibio y sordo recorrido de sus lágrimas resbalando sobre sus mejillas frías. Y sus lágrimas, al brotar, se redondean en el aire renegrido de la Cueva en un verde intenso y brillante, como helado, de dos ojos acostumbrados sin duda a aquella oscuridad de la que tantas veces han sufrido y que parece no ceder nunca.

Pero, a pesar de sus lágrimas, no solloza, eso quedó atrás; el sollozo queda para los momentos agitados de su camino hacia el hospital, cuando lo único que sabía era que Ana había tenido un accidente, y que la iban a operar o la estaban operando o algo así, porque no sabía exactamente lo que le había dicho su madre, y cuando había escuchado, retumbándole en los oídos, que su amiga estaba muy grave, que eso había dicho su hermano.

Entonces, cogiendo con fuerza el volante camino del hospital y descomponiendo el rostro en sollozos de dolor, iba pensando en su amiga y en que quería verla y decirle que no se preocupase, que ella estaba allí, que permanecería junto a su lecho cogiéndole la mano con fuerza, que lo la abandonaría nunca, y que deseaba que le prometiese que no se iría sin ella, que no soltaría su mano para dejarla sola, y que no podía romper la promesa que le había hecho al aceptar su carta, y en todo lo que hablaron aquella tarde antes de entregársela en confidencia.



IX

En el punto exacto que separa la luz de la oscuridad, murmullos apagados como prolongación de las últimas luces recogidas en el fondo de sus retinas. Requiebros de cuerpos acomodándose sobre butacas de brazos compartidos.

- "Billy no se atreverá, el sheriff está cerca"

Sus grandes ojos verdes, del color delicado de olivas vareadas antes de sazón, traspasados por una nube acuosa de dolor transparente, apenas conseguían contener las lágrimas. Era como si la luz recién perdida de la gran sala la atrajese para sí y la robase súbitamente de la otra luz de ficción que se abría ante sus ojos. Siempre había sido así.

Siempre había sido así. ¿Historias de otros tiempos? ¿O acaso de ahora? Por más que lo intentase, jamás lograba ahuyentar su pena y ahogar sus pensamientos refugiándose en la indiferencia, en el a mi qué me va en ello.

- "¡Date prisa Billy! ¡Vamos, coge todo el dinero y salta a los caballos!"

Quizá fuese un anciano con quién sabe qué historia arrastrada hacia el olvido; o quizá un joven cualquiera pagando con creces su juerga nocturna; o acaso alguno como aquel (¿estaría dentro o no?) que le hizo perder el sueño después de ver el macabro espectáculo de su coche envuelto en llamas. Daba igual, su dolor no entendía de edades, y sus ojos verdes menos.

No se acostumbraba. Siempre, por más que se resistiese, le asaltaba de improviso la misma pena de tragedias ajenas. Tanta era su congoja que acababa por inundarse en un llanto empalagoso, de corazón sensible y de lágrimas verdes, ante la sorpresa desconcertada de sus vecinos de butaca.

- "¡Maldito gringo! Si no te callas te meteré dos plomos en el pecho"

¿Por qué no conseguía hacer lo que todo el mundo: limitarse a disfrutar de la película sin pararse a pensar qué es lo que se escondía al otro lado de la pantalla? Murmullos. ¿Por qué había de derramar lágrimas por los muertos ajenos, que ni siquiera sabía si existían? Medias palabras. De lo único que estaba segura era de que sus lágrimas eran reales, de que la pena la consumía cada vez que imaginaba a los familiares doloridos velando el cadáver de su ser querido. Miradas turbias y esquivas de otros ojos.

- "Fueron los Nelly, sheriff"


- "Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor. Quien vive en Mi"

¡Notaba tan cercano ese dolor! Apenas a unos metros, tras la gran pantalla de imágenes coloreadas. Penumbra en la que nadan luces superpuestas, alumbrando tenuemente rostros inmóviles, fijos en la distancia. Hubiese bastado un pequeño orificio en el muro del fondo para contemplar las caras recorridas de angustia en torno al ataúd.

- "Venid en su ayuda, Santos de Dios"

Además, los tanatorios eran lugares tan impersonales, tan igualadores… Calor. Cuando ella muriese preferiría que la incinerasen. Calor difuso de luces enfocadas hacia su cuerpo. Así, por lo menos, no tendría que aguantar el trasiego de gentes llorando por su causa y repartiendo pésames ante su presencia amortajada. Sudor frío. Así, ella no sería la causa de que alguien llorase en un cine imaginando lo que sucedería más allá de la pantalla. Aunque, quizá, eso sólo le sucediese a ella. Dolor. Cansancio de postura mantenida, de reposar inmóvil.

- "Libra, Señor, su alma"

- "Y llegue a Ti nuestro clamor"

Quizá… eso… sólo le sucediese a ella… Agobio de ropajes ceñidos y de ambiente cargado. La gente iba al cine a divertirse, a olvidarse de sus problemas. Pero… ella también; y, sin embargo, no podía evitar que su pensamiento volase por la sala y acabase traspasando la pantalla. Fragancia de perfumes, suave fragancia de flores cortadas.

- "No la abandones en manos del enemigo" "Yo soy la resurrección y la vida"


A ella qué le importaba lo que los demás pensasen. Le bastaba con saber lo que pensaba ella, lo que sentía. Manos entrecruzadas. Llorar no era algo de lo que avergonzarse. Si ella era así, si tenía un corazón sensible ¿Por qué había de esconderlo? Besos compungidos. Entereza, firmeza de ánimo, resignación ante la adversidad, qué eran sino frases recurrentes y huecas con las que enmascarar corazones demasiado acostumbrados a contemplar el dolor ajeno. Leve movimiento de cuerpos entre otros cuerpos y butacas, inseguros, tímidos, cohibidos, molestos quizá. ¿Por qué no demostrar el dolor y las penas ante los demás? ¿Por qué disimularlo? Miradas clavándose en su cara, entre una penumbra que los viste de luto.

- "Concédele, Señor, el descanso eterno"


- "Amén"

La fugaz lucecita de la vela cruza junto a ella y la saca de su último paseo por la Cueva. Apaga sus sollozos en un arrebato de pudor, reprimiendo las lágrimas, imperceptibles para los que la rodean, que le recorren sus decoloradas mejillas. Carraspea sordamente varias veces para persuadir a los que la rodean de que sus sollozos inmóviles no son más que toses y respiración profunda de los más próximos a ella. Disimulos de cuando ella lloraba en el cine imaginando lo que sucedía al otro lado de la pantalla.

Imágenes. Recuerdos. Manos acostumbradas a enterrar suspiros. Golpeteo de madera sobre madera. Oscuridad total. Quejidos de cerrojos sobre cerrojos resbalando sobre sus goznes. Lagrimas verdes, del color agostado de olivas que han perdido prematuramente su punto de sazón; ahora, aquí, al otro lado de la pantalla. Suave bamboleo de su cuerpo alzado.

FIN



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martes, 18 de agosto de 2009

La gangrena, de Mercedes Salisachs



Por Alfonso Arizcun
(Se permite la reproducción total o parcial de este estudio, siempre que se cite la fuente y el autor del mismo)


Mercedes Salisachs (1916)

LA GANGRENA (1975)

AUTORA

Mercedes Salisachs nace en Barcelona en 1916 y vive allí durante la Guerra Civil. Su vivencia de la guerra se verá reflejada en La gangrena, donde nos describe el ambiente de preguerra, guerra y posguerra de su ciudad natal.


LA NOVELA DENTRO DE LA PRODUCCIÓN DE LA AUTORA
  • Situación:
Salisachs comienza su producción novelística en 1952 con su obra Primera mañana, Última mañana. Más tarde escribe Más allá de los raíles y Una mujer llega del pueblo, con la que consigue el Premio Ciudad de Barcelona en 1956. En 1973 publica Adagio confidencial y en 1975 La gangrena. Con está última novela obtuvo el Premio Planeta de aquel año.


LA NOVELA DENTRO DE LA ÉPOCA

Esta novela quedaría englobada dentro de la llamada Última novela. Se trataría de una forma de novelar en la que se vuelve al realismo tradicional, renovada a través de diferentes técnicas.

En esta novela el argumento vuelve a tener importancia y se desarrolla a través de una acción lineal estructurada en capítulos. La historia que se cuenta es la biografía de un narrador omnisciente, con grandes dosis de historia política española.

El lenguaje no será el protagonista de la obra sino un mero instrumento para la narración, volviendo así a la fabulación, la invención y la imaginación.


LA NOVELA

LOS TEMAS

El tema de la novela es la narración de la vida del protagonista, Carlos Hondero, desde su niñez hasta los años 60. Será una vida trágica, llena de conflictos personales. En su protagonista se refleja un fatalismo intuido desde su niñez. y que, a través de toda la narración, se verá corroborado por los hechos. Como digo, desde el principio intuye su final trágico:

"NO VOY A DEFENDERME: soy culpable. He arrastrado mi culpa desde la infancia." (pág. 7)

"Todo viene a se como un río que arrastra al hombre hasta su estallido final."
"Ahora tengo la impresión de que a lo largo de toda mi vida nada ha sido importante salvo el miedo, y es que, en el fondo, el miedo es lo único que perdura en mí." (pág. 74)

Por otro lado, a través de la biografía del protagonista, asistimos a la narración de unos cincuenta años de la vida española en un periodo decisivo para su historia: desde la Dictadura de Primo de Rivera hasta finales de los años 60. Esta narración se centrará fundamentalmente en la vida barcelonesa durante todas esas décadas, pero con continuas referencias a la situación general del país y a la aristocracia.


LA ESTRUCTURA

Formalmente, la novela está estructurada en nueve capítulos con un título cada uno y una misma extensión. Los títulos son nombres de las mujeres que a lo largo de la obra influirán en la vida del protagonista.

La novela comienza con una leyenda, en la que se nos explica el motivo del título de la novela: la vida de los personajes será como una gangrena que les roerá por dentro.

Argumentalmente, aunque es una novela lineal, se observa una cierta estructura circular: al final de la obra se repite la misma situación experimentada por el protagonista en los primeros capítulos, cuando es presentado en el banco por el Doctor Tramacho. Esta repetición es intencionada por parte de la autora. En ella sólo cambia la identidad de los protagonistas, pero es una situación absolutamente paralela a la primera, hasta el punto de ser sustituido el personaje del Doctor Tramacho por el de su hijo y de repetirse las mismas actitudes y palabras. Además, esta búsqueda intencionada del paralelismo entre las dos situaciones se verá reforzada por el recuerdo expreso que, en la segunda situación, el protagonista, Carlos Hondero, efectúa de las palabras y acciones que él vivió en la primera situación.

La función que cumple esta estructura circular es la de presentarnos un relato abierto. Partiendo del final del relato podemos presuponer que la vida de Carlos Hondero se verá repetida nuevamente, encarnada ahora en Pablo Gómez Bidasoa.

Otra de las circunstancias que nos hace pensar en la estructura circular de esta novela es el hecho de que el primer amor de Carlos -Lolita- sea precisamente el último, y quizá también el único verdadero. Después de toda una serie de experiencias amorosas, al final vuelve a su primer amor.


EL TIEMPO

Partiendo de la evocación que el protagonista hace de su vida desde la cárcel, asistimos a la narración de un tiempo lineal. Esta linealidad es doble. Por un lado hay una linealidad situada en el presente, cuando nos narra el principio de cada capítulo su estancia en la cárcel y las visitas que allí recibe. Esta narración del presente deja paso a la evocación del pasado.

Estos dos planos temporales acaban uniéndose en el último capítulo y, así, el final del tiempo evocado se funde con la narración del presente.

En cuanto a la ubicación temporal, el tiempo desde el que evoca su vida es en torno a Junio de 1969 y el tiempo evocado comienza en su niñez y acaba en Junio de 1969.

Respecto a la duración temporal, la narración desde el presente tan sólo abarca unos pocos días, mientras que la del tiempo evocado engloba unos 50 años. A través de la narración asistimos a acontecimientos de la historia de España: la Dictadura de Primo de Rivera, el exilio de Alfonso XIII, el establecimiento de la República, la Guerra Civil, etc.; y también a acontecimientos internacionales como el crack de la bolsa de Nueva York.

Cabe citar también una técnica que la autora utiliza con bastante frecuencia, como es la de adelantar información a través del narrador. Inserta en la evocación, el narrador nos va adelantando una información, solamente esbozada o citada, de acontecimientos que luego sucederán y que será narrados ampliamente.
  • Ritmo narrativo:
El ritmo narrativo es rápido, ya que la narración se centra fundamentalmente en el tiempo evocado y este, como hemos dicho, engloba en sí una cantidad notable de años. Por otro lado, la gran variedad de situaciones y personajes contribuye decisivamente a lograr la agilidad del relato.


EL ESPACIO

El espacio del tiempo vivido está situado en la celda de la cárcel desde donde se evoca. Solamente en el capítulo final, cuando se juntan los dos planos temporales -el vivido y el evocado- cambia el espacio, pues en ese momento el narrador ya ha salido de la cárcel.

El espacio del tiempo evocado es principalmente Cataluña. Algunos pasajes de la narración se desarrollan en otros lugares como San Sebastián, Madrid o las trincheras, pero son muy pocos.

Dentro del espacio catalán se puede destacar la casa de Can Pou, y fundamentalmente Barcelona. En Barcelona se nos presentan espacios abiertos y cerrados: el paisaje urbano, con su ambiente en Las Ramblas, la Plaza de Cataluña o Monjuit; la casa de Carlos Hondero, la de Los Moraldo, la de Angelina, el banco, etc.


LOS PERSONAJES

Aparecen muchísimos personajes a lo largo de la novela,pero destacaré algunos.

El protagonista-narrador es Carlos Hondero. Es un personaje que, como he dicho, presiente su trágico final. Es ambicioso y constante en su lucha por ascender social y económicamente. Pero a la vez es inconstante e irreflexivo en sus sentimientos, y tremendamente cambiante y contradictorio. Muestra ternura y cariño por algunas de las personas que le rodean, pero en la mayoría de los casos acaba por odiarlas e incluso provocar su muerte. Él mismo se da cuenta de su contradicción:

"Hacía pocos días había escrito yo una frase que me parecía lapidaria: cuanto más se quiere a una amante, más se expone uno a odiarla" (pág. 84)

Quizá por las únicas personas que muestra respeto y aprecio sea por el padre Celestino, por Lolita y por su hija Carlota. Son las tres únicas personas de las que no se sirve de forma interesada y, en el caso de las dos últimas, por las que es capaz de sufrir humillaciones. Quizá sea porque ve en ellas las seguridad de convicciones que a él le falta.

Lolita es un personaje que arrastra el lastre del ambiente en que ha sido educada y, por ello, se debate entre la duda de seguir sus sentimientos o aceptar las conveniencias sociales de su clase. Al final triunfa lo segundo, y esa aceptación la lleva a un estado de tristeza que es capaz de asumir con resignación y, sobre todo al final de la novela, con firmeza y valentía.

El padre Celestino es quizá el personaje más sólido en sus convicciones. Siente por Carlos Hondero un cariño especial, y tratará de ayudarle y comprenderle, estando a su lado en los momentos difíciles.

Carlota, en un primer momento, es un personaje ajeno a la realidad que le rodea; se mueve en un mundo de ensoñaciones. Cuando es consciente de la realidad, tras un primer momento de confusión, sabe afrontarla con fortaleza y comprensión hacia su padre. Al mismo tiempo, es el único asidero que a Carlos le queda después de todos los fracasos amorosos, y por eso lucha para no perderla.

La madre de Carlos y el doctor Tramacho son dos personajes que experimentan una evolución en sus ideas políticas y religiosas, buscando siempre la estabilidad u la tranquilidad.

Paco Moraldo es un ser insustancial, interesado, sin dignidad personal, que no duda en aprovecharse de cualquier persona para subsistir lo mejor posible. Es un personaje incapaz de conseguir algo por sí mismo, que tiene que vivir a costa de los demás.

El grupo de Los Moraldo, los aristócratas y, luego, los nuevos ricos representa a personajes huecos, esclavos de las conveniencias sociales más vanas. Son altivos y ridículos, moviéndose siempre en el mundo de las apariencias y de las modas. No tienen ninguna vida interior y cambian de opinión con los acontecimientos políticos, ya sea por necesidad o por esnobismo.

En general, los personajes de la novela son muy cambiantes en sus actitudes y sus convicciones. Frente a estos, cabría destacar a Jaume Palafell (catalanista, separatista y republicano) que es consecuente con sus ideas hasta la muerte.


EL LENGUAJE

Como ya dijimos al principio, en esta novela el lenguaje es mero instrumento al servicio del argumento. La autora no trata de lograr un preciosismo expresivo sino de contar una historia sin más. Por ello, utiliza un lenguaje correcto, sin más descripciones que las necesarias.

A veces introduce expresiones en francés puestas en boca de los aristócratas, que no hacen más que reflejar el deseo esnobista de los mismos. La misma función tiene el repetitivo "Manuel Bruton (si se pronuncia Briuton mejor)". (pág. 310 y ss.)

En cuanto a los tiempos verbales utilizados, abundan los tiempos de presente en las conversaciones y los de pasado -sobre todo el pretérito indefinido- en el tiempo evocado, narrado en primera persona.
  • Técnicas narrativas:
Formalmente, la narración es en estilo indirecto, con diálogos en estilo directo libre y otros introducidos por verbos 'dicendi'.


EL PUNTO DE VISTA EN LA NOVELA

La narración se realiza en 1ª persona, pues el narrador es a la vez el protagonista. Este narrador es omnisciente.

Todo esto contribuye a que la narración sea subjetiva.



BIBLIOGRAFÍA


SALISACHS, Mercedes, La gangrena, Planeta, Barcelona, 1975, 1ª ed.


SANZ VILLANUEVA, Santos. Historia de la novela social española (1942-1975). Alhambra, Madrid, 1980, 2 V.


NORA, Eugenio G. La novela española contemporanea. Gredos, Madrid, 1958-1970, 3 V.


ALBORG, Juan Luis. Hora actual de la novela española. Taurus, Barcelona, 1968, 2 V.


MARTÍNEZ CACHERO, José M. La novela española entre 1936 y 1980: historia de una aventura. Castalia, Madrid, 1986. 639 p.


RCEHisp., VIII, 1983 (págs. 154-155)


SOBEJANO, Gonzalo, Novela española de nuestro tiempo. Prensa Española, Madrid, 1970


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miércoles, 12 de agosto de 2009

Juan sin tierra, de Juan Goytisolo

Por Alfonso Arizcun

(Se permite la reproducción total o parcial de este estudio, siempre que se cite la fuente y el autor del mismo)


NOTA: las posibles faltas ortográficas y gramaticales, ya sea de puntuación o, por ejemplo, la ausencia de ciertas tildes, en las citas del texto de Juan sin tierra se han mantenido tal y como Goytisolo las refleja (intencionadamente) en el texto original.


Juan Goytisolo (1931)

JUAN SIN TIERRA (1975)

AUTOR

Existen una serie de circunstancias en la vida de Juan Goytisolo que influirán en su forma de novelar.
Nace en Barcelona en 1931, en el seno de una familia burguesa. Vive la Guerra Civil Española siendo muy niño. Se educó en los jesuitas, y pierde la fe católica a los 16 años.
Se exilia voluntariamente en París en 1956, lo que le llevó a un profundo desarraigo con la cultura española.


LA NOVELA DENTRO DE LA PRODUCCIÓN DEL AUTOR
  • Situación:
Goytisolo posee una extensa obra, creada con regularidad y constancia, en progresivo perfeccionamiento y con continuas revisiones teóricas.

Sanz Villanueva distingue tres etapas en su producción novelística hasta Juan sin tierra:

La primera etapa correspondería a un Realismo Social, constituido por Juegos de manos (1954), Duelo en el paraíso (1955) y la trilogía El mañana efímero [El circo (1957), Fiestas (1958) y La resaca (1959)].

En las dos primeras novelas se habla de la juventud y de la guerra vista a través de los ojos de los niños, donde se refleja un mundo escasamente auténtico, poco verosímil. Sin embargo, hay una intención de objetivismo y realismo.

En las otras tres novelas crea personajes que pertenecen a las clases humildes, que Goytisolo no conoce. Así, se observa un defecto en estas novelas, que es la falta de experiencia real de los asuntos tratados; lo que no proviene de la experiencia directa trata de suplirlo a través de la fantasía.

La segunda etapa correspondería a un Realismo Crítico, constituido por La isla (1961), Fin de fiesta (1962) y un conjunto de relatos titulados Para vivir aquí (1960).

En esta obras nos presenta a personajes de la burguesía media-alta, a los cuales conoce y de quienes sí tiene experiencia directa. Estos son personajes anodinos y elementales, donde su vida carece de sentido. Goytisolo no ahonda en la psicología de los personajes.

Se observa ya en esta etapa una conciencia muy crítica y una rigurosa técnica objetiva de denuncia. El objetivismo se logra con la no intervención del autor.

Finalmente, la tercera etapa correspondería a una Novela Formal, constituida por Señas de identidad (1966), Reivindicación del conde don Julián (1970) y Juan sin tierra (1975).

En esta etapa abandona la técnica objetiva para sustituirla por un absoluto subjetivismo y unos ricos recursos formales. Esta trilogía será tratada en el siguiente apartado.


LA NOVELA DENTRO DE LA ÉPOCA

Con la trilogía correspondiente a la tercera etapa comienza un tipo de novela formal, subjetiva, repleta de recursos literarios, en la que abandona la estética socialista por una temática más ambiciosa y una forma más exigente. Así, nos dice Goytisolo:

"He pasado de un compromiso con una determinada ideología política a un comprometerme a mi mismo con mi escritura por una transformación del mundo. Me considero ahora más comprometido que antes". (1)

(1) ISASI ANGULO, A. Carlos, La novelística de Juan Goytisolo. Entrevista con el autor: París, 27 Agosto de 1973. PSA, LXXVI, 1975 (pág. 78)

La novela Juan sin tierra prosigue y culmina la trayectoria iniciada en Señas de identidad (novela del desarraigo), y desplegada con mayor amplitud en Reivindicación del conde don Julián. En Juan sin tierra el protagonista es ya un ser ajeno a su Patria, hasta el punto de desprenderse de su misma raíz lingüística. El propio título es significativo de este desasimiento.

A lo largo de esta trilogía, la indagación sobre la realidad exterior se ha visto desplazada por la indagación sobre el propio vehículo lingüístico dentro de la novela y por la incorporación de la propia crítica literaria en el texto narrativo.

El centro de Reivindicación... era el rechazo de los mitos de España. En Juan sin tierra habrá un rechazo más amplio, que se dirigirá hacia todo lo convencional y ortodoxo en todos los ámbitos (social, histórico, literario, sexual, cultural, religioso... ), adhiriéndose a lo heterodoxo y divergente. Guiado por este deseo de heterodoxia, a través del erotismo, la sátira verbal y la escatología corporal, asistimos a un total y radical quebrantamiento de las creencias y dogmas heredados, en un texto cambiante y múltiple que lleva a cabo a la vez una indagación en la escritura.


LA NOVELA

  • Título: está tomado de Blanco White, y es muy significativo de lo que nos encontraremos en la novela.
  • Modo de escribir: el modo de escribir cambiante y múltiple al que antes he aludido, no sólo en la disposición formal sino en todos los aspectos de la novela (espacio, tiempo, voz narrativa, personajes, temas, etc.), está justificado en función del objeto mismo de la narración: el rechazo de lo ortodoxo y su entrega absoluta a lo heterodoxo, a lo que la tradición considera negativo, a lo marginal, a los parias.

LOS TEMAS

El tema principal de la novela es el del extrañamiento. Desde el principio de la misma se da por supuesta la ruptura entre el autor y el mundo que le rodea:

"moral
religión

sociedad
patriotismo

familia

son ruidos conminatorios cuyo

sonoro retintín nos dejará indiferentes
." (pág. 89)

Este extrañamiento se concretará a medida que avance la novela, manifestado en sus ataques viscerales hacia todo lo instituido y los valores que de algún modo vertebran la vida cotidiana de las personas, hasta acabar incluso extrañando y desasiéndose de su propia lengua. Podríamos hablar, por tanto, de una serie de subtemas que irán repitiéndose a lo largo de toda la novela.

1.- El tema de España:

Goytisolo ve a España como a un país con el que nada tiene que ver (hay que tener en cuenta que se autoexilia en 1956):

"En el país de cuyo nombre no quiero acordarme". "... el país que ha dejado de ser el tuyo". (pág. 14)

Hacia España van dirigidas las más duras páginas de esta novela:

"... espaciosa y triste Península (Allah la devuelva al Islam!)". (pág. 143)

De forma descarnada unas veces e irónica otras, que no por ello menos dura, arremete contra todos los ámbitos, costumbres y personajes de la Península, con referencias tanto a su pasado como a su presente más inmediato.

Son continuas las referencias en tono irónico en toda la novela a personajes históricos como Menéndez Pelayo o Isabel la Católica, entre otros, y a situaciones o costumbres españolas:

"Virgen Patrona de la Península cuando recibe honores del Capitán General el Día de la raza". (pág. 18)

Pero donde más radical y extensa es la crítica a España es en los capítulos englobados en la parte cuarta de la novela, cuyos capítulos están escritos en latín, en donde arremete contra sus costumbres, su modo de ser y su pasado, sin señalar ningún elemento o rasgo positivo.

2.- El tema religioso:

Goytisolo, utilizando la ironía, tan característica de toda su novela, ataca de forma despiadada a la religión y todo lo que ella representa. A la religión Católica la llama "opio melifluo de la humanidad". (pág. 117)

En los relatos de escatología corporal se mofa de los milagros, de Jesucristo, de La Virgen y los santos. También se mofa de las predicaciones religiosas a través de la figura del padre Vosk. Hace una burla y una crítica de las apariciones de La Virgen, afirmando que siempre se aparece a niños, pobres y analfabetos, formulando deseos caprichosos, amenazando catástrofes y envuelta en un ambiente mágico. Y, por último, se burla de la Familia de Belén y de la Anunciación, llegando incluso al relato sacrílego y negando la existencia de Jesucristo, la virginidad de María y destruyendo al Espíritu Santo representado en forma de paloma.

3.- El tema de la familia:

Considerando a la familia como a otra de las instituciones o valores vertebradores de los valores tradicionales y la ortodoxia, el autor se adhiere nuevamente a la heterodoxia y la crítica:

"... contemplarás detenidamente a tu implacable enemiga
la risueña
vernal

fecunda

Parejita Reproductora

todas las naciones, sin distinción de
ideologías ni credos, alimentan su mito, iglesias y gobiernos unánimemente la ensalzan, los diferentes medios de información se sirven de ellos para fines de promoción y propaganda: su imagen ocupa la pantalla panorámica de los cines ..." (pág. 67)

Frente a a esta "convencional" institución, Goytisolo se adhiere nuevamente a lo divergente. Así, nos referiremos a otro de los temas que trata: el tema sexual.

4.- El tema sexual:

En esta reacción contra lo establecido, deshecha a la "Parejita Reproductora", "el hogar y los niños" y proclama las relaciones homosexuales y de zoofilia.

El tema sexual estará presente en toda la novela, ya sea de modo descarnado o con continuos signos fálicos. Estas referencias serán reiterativas. Desde la primera página de la novela el autor exaltará la revelión del cuerpo frente al espíritu:

"... ni anacoreta ni faquir ni bramán: cuerpo tan solo: despliegue de materia: hijo de la tierra y a la tierra unido: en vez de linea ceñida y monda, de superficie estricta, de delgadez escueta, la plétora carnal, la esplendidez barroca: cuerpo opulento y feraz, dadivoso, ubérrimo, ... " (págs. 11-12)

5.- El tema de "su" lengua y el total extrañamiento:

Uno de los aspectos que el autor critica de España es su lengua, pero por su importancia autónoma en la novela conviene tratarlo por separado. Goytisolo critica y reniega de la lengua de España. Dice de ella:

"Habla peninsular codificada e inmóvil, acumulación de probervios y de frases hechas, vasto panteón de secular excremento idiomático!:". (pág. 103)

"la existencia menguada de millones y millones de seres condenados por siglos a la servidumbre ideológica consubstancial a tu lengua". (pág. 14)

A lo largo de toda la obra, Goytisolo incorpora frases y frangmentos -en ocasiones muy amplios- en otras lenguas, intercalados dentro del relato en español, demostrando ese desasimiento que siente de su lengua. Pero será al final de la novela cuando se desprende definitivamente de ella. Ha llegado a su total extrañamiento:

"desconfía de ti:no basta con echar por la borda rostro, nombre, familia, costumbres, tierra:cada palabra de tu idioma te tiende igualmente una trampa:en adelante aprenderás a pensar contra tu propia lengua". (pág. 83)

"si en lo futuro escribes, será en otra lengua:no en la que has repudiado y de la que hoy te despides tras haberla revuelto, trastornado, infringido". (pág. 303)

Durante toda la novela hemos asistido a un proceso narrativo, y al final el protagonista se desprende de la lengua y comienza a escribir conforme a meras intuiciones fonéticas. La última página plasma la lengua en la que se refugia el protagonista, perdiendo así toda relación con la lengua y la comunidad de la que ha desertado.

Goytisolo nos explica la función de este final:

"[...] para crear un efecto de ruptura. La obra había llegado a un punto final de descreación y la quería cortar de un modo brusco, imponiendo a los lectores una grafía distinta." (1)

"Para imponer esa sensación final de extrañeza procedí en tres etapas: contaminación del paradigma castellano con la fonética negra de los esclavos cubanos; paso al árabe escrito con caracteres latinos; empleo de la grafía arábica" (2)

(1) En Desde Juan sin tierra, entrevista de Julián Rios, Espiral/Revista, 2, 1977 (pág. 9)

(2) Idem

En el texto final en árabe está reflejado el total extrañamiento del protagonista. Ese texto, traducido, dice así:

"estoy definitivamente al otro lado, con los parias de siempre, afilando el cuchillo". (pág. 307)

6.- El tema de "su" novela y de la crítica literaria:

En este punto hay que tener en cuenta la preocupación de Goytisolo por cuestiones de lingüística teórica, muy influido por el formalismo ruso, la Escuela de Praga, Jakobson y, sobre todo, por Benveniste. Al mismo tiempo, incorpora la propia crítica literaria dentro de la narración novelística.

El auto-protagonista es consciente de que está escribiendo una novela heterodoxa y, nuevamente, a través de la ironía, satiriza la novela tradicional y realista. Esta satirización la llevará a cabo utilizando a su simbólico personaje Vosk, encarnado ahora en un crítico y profesor. En el diálogo que mantiene el narrador-protagonista-autor con Vosk, dirá este último:

"[...] una hueste de autores entregados al cultivo de una escritura formal y abstracta, mera expresión enajenada, a menudo esquizofrénica, de obsesiones y complejos personales que, en lugar de ser reflejo objetivo del mundo, postulan tan solo el intento de liberación, desesperado y parcial, de una mentalidad enferma..." (pág. 250)

Más adelante intercala en la narración un fragmento en forma de capítulo clásico de tipo realista, simulando un manuscrito de otro autor. A lo que exclama Vosk:

"que garra de escritor!:que bronca y entrañable ternura!... extraordinario, dirá:sencillamente extraordinario... qué vida, riqueza y profundidad!:que admirable fidelidad a la realidad circundante!:qué maestría en la cración de prototipos, descripción material de ambientes, transcripción escrupulosa y exacta del habla!". (pág. 258)

A continuación, el narrador-protagonista se somete a una ficticia rueda de prensa en la que variados personajes le reprochan su modo de novelar en Juan sin tierra.

Durante todos estos capítulos Vosk le acompaña, intentando convencerle de que deje de escribir este tipo de novelas, de redimirle frente a su equivocado camino:

"todos los críticos sinceros lo dicen:tu universo actual es monótono:los personajes son excéntricos, escasamente representativos:las situaciones que describes, inverosímiles y desorbitadas:creeme, majo:tienes que cambiar... todavía estás a tiempo, majo:basta con que te lo propongas:el camino es empinado, dificil:pero debes subir la cuesta:personalidades de todas las tendencias te han señalado ya tus limitaciones y errores, tus lamentables deficiencias expresivas". (pág. 271)

Seguidamente, Vosk le muestra unos recortes de prensa donde critica el modo de novelar de Goytisolo:

"(a)abuso de estranjerismos (b)falta de rigos lingüístico (c)registro dudoso de la realidad (d)incapacidad de transmitir fría y objetivamente los hechos (e)acumulación insustancial de obsesiones personales, enfermizas y mórbidas (f)empleo consciente de mitos sustitutivos (g)renuncia a toda pretensión de verdad (h)estilo cada día más incorrecto (i)incesante erosión del idioma". (págs. 271-272)

Ante la imposibilidad de redimirle de estos desvíos novelescos el narrador-protagonista-autor es conducido al "establecimiento de Normalización", donde se efectuará el último intento para su salvación. De nuevo aparece Vosk, encarnado ahora en el director del centro. Es aquí donde el narrador emprende la culminacion de su destrucción o descreación de la novela. Comienza por destruir al ayudante de Vosk, prosigue arrebatándole a Vosk las tres últimas letras de su nombre y termina por aniquilar a la Niña Fermina:

"esta vez será Nuestra Señora del Bosque, alias Niña Fermina quien, sin pena ni gloria, se habrá ido definitivamente al carajo a rey muerto, rey puesto concluido el breve responso por el descanso eterno del personaje... "(pág. 291)

En este punto de la narración a Goytisolo no le importa llegar hasta el fin de su destrucción-decreación, y así nos lo dirá a través de la leyenda, tomada de La Celestina, que introduce la parte 7ª:

"Pues agora sin temor, como quien no tiene que perder, como aquel a quien tu compañía es ya enojosa, como caminante pobre que sin temor de los crueles salteadores va cantando en alta voz" (pág 293)

Y comenzará esta parte explicándonos cual ha sido la manera de construir su novela:

"eliminar del corpus de la obra novelesca los últimos vestigios de teatralidad:transformarla en discurso sin peripecia alguna:dinamitar la inveterada noción de personaje de hueso y carne:sustituyendo la progressio dramática del relato con un conjunto de agrupaciones textuales movidas por fuerza centrípeta única:núcleo organizador de la propia escritura, plumafuente genésica del proceso textual:improvisando la arquitectura del objeto literario no en un tejido de relaciones de orden lógico-temporal sino en un ars combinatoria de elementos(oposiciones, alternancias, juegos simetricos) sobre el blanco rectangular de la página:emulando con la pintura y la poesía en un plano meramente espacial:indiferente a las amenazas expresas o tácitas del comisario-gendarme-aduanero disfrazado de crítico:sordo a los cantos de sirena de un instrumental e interesado contenidismo y a los criterios mezquinos de utilidad". (pág: 295)

A partir de aquí comienza la destrucción de su propia lengua, que culmina con el texto en árabe.

Finalmente, otro de los temas que trata es el de la crítica a la sociedad de consumo y su despiadada e insolidaria lucha, haciendo una agria crítica del mundo de los empresarios y de la publicidad.

Cabe señalar también la continua referencia a temas de escatología corporal, que están presentes a lo largo de toda la novela. Es una muestra más de su adhesión a lo heterodoxo, lo oculto, los mitos, lo innombrable. Pero este tema está tratado en función de todos los demás; como un instrumento del cual se sirve para las referidas críticas.

Como resumen de toda la ideología descrita en la novela y culminación de la heterodoxia en ella reflejada, el narrador propone una revolución, que excluya todo atisbo de convencionalismo, basada en:

"ni bandera, ni himno nacional:oposición radical y tajante a todo lo que institucionalice, momifique, enmascare [...] nuesta enemiga inexorable:la Parejita ovillada en el calor de su nido hogareño [...] enemiga irreductible también:la prole [...] planes de trabajo?:ninguno:medios de subsistencia?:saqueos, robo, pillaje de los pueblos laboriosos vecinos, [...] represiones?:ninguna:estimamos a la colectividad directamente responsable de los actos delictivos del individuo [...] otras previsiones del mencionado organismo:aumento espectacular...de la cópula infame y baldía". (págs. 224, 227, 229, 230, 232, 233)


LA ESTRUCTURA

Previa a la novela propiamente dicha nos encontramos con una leyenda, compuesta por tres fragmentos de tres autores distintos. Su función es la de marcarnos las pautas de lo que encontraremos en la obra: la destrucción de los mitos y los convencionalismos, y la adhesión a lo anticonvencional.

Adentrándonos en la novela observamos que formalmente está dividida en 7 partes numeradas, con disposición irregular en capítulos y secuencias. Hay que recalcar que esta disposición es meramente formal, pues en la linea argumental no hay una clara disposición ni en partes ni en capítulos ni en secuencias. Esta irregularidad de la disposición la observamos analizando cada parte:

  • 1: formada por secuancias separadas por espacios en blanco.
  • 2: formada por 12 secuencias separadas por números árabes.
  • 3: formada por capítulos con títulos en español y cada uno de ellos dividido en secuencias por medio de espacios en blanco.
  • 4: formada por capítulos con títulos en latín, sin secuencias.
  • 5: formada por 13 secuencias separadas por números romanos.
  • 6: formada por secuencias separadas por espacios en blanco y por un capítulo a modo de intertexto.
  • 7: encabezada por una leyenda y formada por secuencias separadas por asteriscos.
Esta irregular disposición formal está concebida en función del objetivo final de la novela: la decreación y la destrucción de todo vestigio de teatralidad. Es un recurso más que Goytisolo utiliza en su camino hacia lo heterodoxo.

En realidad la verdadera estructura de la obra está basada en un juego de oposiciones, alternancias y simetrías.


EL TIEMPO

Vistas las pretensiones de destrucción de todo lo convencional, no cabe esperar sino una supresión de todo "orden lógico-temporal". No existe linealidad temporal. Sin embargo, se puede observar un resquicio de cierta temporalidad lineal. El autor-narrador hace referencia en varias ocasiones al proceso de escritura de la novela. Nos dice que se encuentra en su habitación "escritorio-cocina", en un tiempo indeterminado en un principio. Luego especifica el tiempo:

"dueño y señor de cosas y palabras, harto de Turquía y los turcos, en ese año inaugural del verano de 1973,...los aniquilarás a todos de golpe, dejarás de escribir". (pág.115)

Partiendo de ese marco espacio-temporal va dando paso, por medio de su escritura, a relatos fuera de ese espacio y ese tiempo. Así, se podría interpretar que el autor-protagonista, que está dentro de un tiempo concreto, nos relata hechos diversos situados en otros tiempos y otros espacios, para volver en repetidas ocasiones a su espacio-tiempo desde el que escribe:

"seguirás sin interrumpirte, paseando la mirada por el techo abuhardillado y las baldosas verdes del fregadero, los grabados, recortes de prensa, el libro con el dibujo del evaporador al vacío..." (pág. 34)

Más adelante, vuelve de nuevo a ese espacio y ese tiempo:

"poderes omnímodos de la escritura! con un simple bloc de papel y dos bolígrafos sin capucha (la carrera de uno concluyó hace escasamente un minuto, agotada su fuerza genésica), recluido en la minúscula habitación donde habitualmente trabajas (una cocina adaptada a la elaboración de tus extrañas recetas)...". "sin más ayuda que una guía políglota del país y un retrato borroso de tu alter ego...". (pág. 128)

El propio proceso de escritura de la novela constituiría la linealidad de la misma.

Dejando aparte esta cuestión, y tomando como punto de partida el momento de escritura que se acaba de señalar, hay continuos saltos temporales sin un orden lógico.

La mayor parte de la narración está articulada sin situación en el tiempo, es atemporal; sin embargo, existen algunas referencias temporales concretas e históricas: la Anunciación de La Virgen, la Revolución Francesa y la Conquista de Constantinopla por los turcos. Estos saltos al pasado no son verdaderos saltos temporales, no son "auténticos" si se me permite la expresión. El autor-narrador-protagonista se implica en estos hechos históricos y los traslada al presente, recreándolos. Son una mera excusa para apropiarse de ellos, implicarse dentro de los mismos y utilizarlos (instrumentalizarlos) como marco de su narración heterodoxa.

Por lo que respecta a la duración del tiempo narrado, sólo existe una vaga referencia en alguna parte de la novela. Es en la parte 1ª, donde se narra el ambiente de los esclavos negros cubanos. El tiempo allí va desde el mediodía, aproximadamente ("el sol del trópico cae a plomo sobre sus cabezas y se defienden de él como pueden" pág. 15), hasta la noche ("te estaba preguntando por la dotación de Lequeitio: qué hora es allí? mi reloj marca las diez y media en punto" pág. 30).

  • Ritmo narrativo:
El ritmo narrativo es lento a causa de las constantes descripciones y discursos-monólogos tanto del narrador como de su(s) protagonista(s) Vosk, y también a las abundantes repeticiones de amplios pasajes de la narración. Pese a los continuos saltos temporal-espaciales de ambientes, de personajes y de temas, existe muy poca acción. Sólo se percibe un ritmo algo más rápido cuando se intercalan diálogos, cuando aparece esa escasísima acción y, en cierta medida, también contribuye a esto el continuo salto temporal-espacial.


EL ESPACIO

El espacio es múltiple y variado. Desde el espacio "escritorio-cocina" ya señalado se evocan espacios tanto rurales como urbanos, cerrados como abiertos; desde el batey cubano hasta Manhatan, pasando por París, España, el desierto, Siria, Fez, Turquía... Quizá los más importantes sean el cubano, el español y el árabe, por el valor simbólico que representan. El español es el de la negación y el extrañamiento, el cubano el de la explotación y el del culto al cuerpo frente al espíritu, y el árabe el de los marginados y los parias y también el de su refugio y asidero contra su extrañamiento.

En cuanto a los saltos espaciales, cabe resaltar el que se produce entre la tierra y el Cielo, sobre todo en la parte que se refiere a la narración de los hechos que suceden en el batey. Es significativa la simetría de nombres existente entre los señores y dueños de la tierra y los nombres dados a los habitantes del cielo.


LOS PERSONAJES

Los personajes también son múltiples y variados: los esclavos cubanos, los personajes del mundo árabe, los turistas, y un sinfín de tipos, algunos solamente aludidos. Estos tienen un valor simbólico, pero me centraré en dos especialmente y en otro que en realidad es todo un grupo.

El protagonista de la novela es el propio autor, que a su vez también es el narrador. Es el único que posee un mundo interior, por motivos obvios, pues es él quien construye todo el relato.

Existe un personaje altamente simbólico y que cumpliría la función de antagonista: se trata de Vosk; ya sea encarnado en un sacerdote, un coronel, un crítico y profesor o un director del establecimiento de Normalización. Vosk representa lo establecido, lo convencional, la ortodoxia, todo ante lo que el protagonista-narrador-autor lucha y se opone. Vosk no tiene vida interior, es una creación simbólica.

Por último, cabe señalar a un grupo de personajes que forman una unidad, con una fuerte connotación simbólica. Me refiero a la familia del batey cubano y a los habitantes del Cielo. Se hace un paralelismo entre los personajes de los dos planos, nombrándoles de la misma forma: el mayoral/el Mayoral de Allá, el amo/el Amo de Arriba, etc. Si uno es el que esclaviza a los negros cubanos y les somete por su bien, el otro, o por lo menos la idea del otro, es el que esclaviza a los hombres e intenta llevarles por el buen camino por su bien también.

Goytislo no experimenta amor por sus personajes, no existe un entrañamiento en ellos, son meros instrumentos para la expresión de sus ideas.


EL LENGUAJE Y LA FORMA

El peculiar tratamiento del lenguaje y la forma en la obra está concebido por el autor como una reacción contra las formas tradicionales de novelar. Su fin está explicado claramente por él mismo. Goytisolo piensa que "los españoles hablan un idioma codificado, lleno de clichés y frases hechas, provocando un encorsetamiento de la lengua que paraliza la expresión escrita" (1)

(1) En ISASI ANGULO, A. Carlos, art. cit. (pág. 75)

Siente dominada la lengua por una casta que ajerce la violencia sobre ella y la utiliza al servicio de sus intereses. Como respuesta viene su intento de liberación y ruptura. Piensa Goytisolo que no es válido oponerse y atacar a la clase social que ostenta el poder utilizando "su mismo lenguaje, su misma retórica pero de signo opuesto" (1)

(1) Declaraciones de J Goytisolo en la "mesa redonda" celebrada en la Universidad de Winconsin-Parkside, Norte, año XIII, núm. 4, pág. 96
Recogido en SANZ VILLANUEVA, Santos, Historia de la novela social española (1942-1975). Alhambra, Madrid, 1980 (pág. 442).

Esta idea la concretará, a la hora de escribir la novela, en múltiples y variados recursos lingüísticos y formales.

Como punto de partida, suprime de modo casi absoluto los puntos y las comas, utilizando los dos puntos como único signo de puntuación. Hay gran acumulación de adjetivos, a menudo utilizados como epítetos. Emplea palabras propias de los lugares sobre los que narra, ya sea el mundo árabe o el cubano (batey, penca de yarey, tacos y pailas, fonética cubana... ) Crea palabras por composición (Andrecostelanezesca música, Pierrecardinesca, clubmediterranea, junglasfaltadas aceras, patermeternidad, radiosolicitada letra, radinescompensativa figura, ser odiotemido). Hace uso abundante de refranes, así como de palabras relativas a la escatología corporal. Existen también abundantes juegos de palabras (faro-falo, her-otomanos, cirio pascual-sirio Pascual). A menudo repite amplios fragmentos -que en ocasiones abarcan más de una página- de la narración en capítulos distintos y distantes. Utiliza reiteradamante lenguas diversas (inglés, alemán, francés, italiano, latín) durante el discurso narrativo en español. También emplea el recurso de la inserción de intertextos en el relato, ya sean verdaderos o ficticios (médicos, literarios, administrativos, geográficos, culinarios, históricos, supuestas crónicas y documentos antiguos, textos en castellano medieval).

En sus descripciones Goytisolo muestra un gran conocimiento de los lugares, ambientes y costumbres (zoco, ciudades, ritual mágico de los esclavos cubanos). Además, en ellas hace gala de un gran prosa poética.

Respecto a los tiempos verbales, los que más utiliza son el futuro imperfecto de Indicativo y el infinitivo.

Otro de los rasgos que cabe señalar es la utilización del metalenguaje. Los pronombres personales son expulsados de su función identificadora para desvirtuar más los imperativos de la novela tradicional:

"YO/TÚ
pronombres personales, moldes
substantivos vacíos!:vuestra escueta realidad es el acto de habla mediante el que os apropiais del lenguaje y lo someteis al dominio engañoso de vuestra subjetividad reductible:[...]". (pág. 146)

  • Técnicas narrativas:

La forma de la narración es variadísima, con continuos cambios: utiliza la narración en prosa en estilo indirecto alternada con la prosa poética, con algunos poemas, con diálogos en estilo directo libre y otros introducidos por el narrador, e incluso con la narración en forma teatral.


EL PUNTO DE VISTA EN LA NOVELA

El punto de vista es el de un narrador omnisciente.

Dada la peculiar coincidencia entre autor-narrador-protagonista, la narración se realiza en 2ª y 3ª persona, pero cuando se utiliza la 2ª persona ésta en realidad corresponde a la 1ª. Esta utilización del "tú" referido a la 1ª persona narrativa está -como el propio autor declara "teóricamente influida por Benveniste, prácticamente por Cernuda" (1)

(1) En ISASI ANGULO, A. Carlos, art. cit. (pág. 72)

En gran parte de la narración en la que el narrador utiliza la 2ª persona, y especialmente en toda la parte 7ª, asistimos a un auténtico monólogo interior del autor-narrador.

Como ya dijimos al principio, esta novela es absolutamente subjetiva. A ello contribuye la confusión autor-narrador-protagonista, el monólogo interior, la fuerte dosis de ideología que se respira en sus páginas, el nulo distanciamiento que el autor-narrador adopta frente a los hechos narrados, llegando incluso a implicarse en ellos como protagonista, y la mencionada adopción de la 2ª persona narrativa.


Me gustaría, en este punto, señalar una cierta similitud entre esta novela y Niebla de Unamuno. En las dos el autor se implica dentro de la novela y dialoga con el personaje (en este caso Vosk). Además, en las dos el personaje trata de convencer al autor de su existencia real, implora su no destrucción y acaba por ser destruido por el autor.


Como conclusión, diremos que esta novela constituye la expresión del absoluto extrañamiento de Goytisolo. Este extrañamiento lo expresa mediante su adhesión a lo heterodoxo y su ataque a todos los valores y tabúes, en especial a los de la cultura española. Su adhesión a lo heterodoxo no es solamente en cuanto a lo ideológico sino que utiliza todos los recursos formales y de creación novelística para demostrárnosla. Se trataría pues, formalmente, de una novela de creación-decreación.



BIBLIOGRAFÍA


GOYTISOLO, Juan, Juan sin tierra, Seix-Barral, Colección Biblioteca Breve, Barcelona, 1985, 4ª ed.


SANZ VILLANUEVA, Santos. Historia de la novela social española (1942-1975). Alhambra, Madrid, 1980, 2 V.


NORA, Eugenio G. La novela española contemporanea. Gredos, Madrid, 1958-1970, 3 V.


ALBORG, Juan Luis. Hora actual de la novela española. Taurus, Barcelona, 1968, 2 V.


MARTÍNEZ CACHERO, José M. La novela española entre 1936 y 1980: historia de una aventura. Castalia, Madrid, 1986. 639 p.


MARTÍNEZ CACHERO, José M. El novelista Juan Goytisolo. PSA, XXXII, 1964 (págs. 125-160)


ISASI ANGULO, A. Carlos. La novelística de Juan Goytisolo. (Entrevista con el autor). PSA, LXXVI, 1975 (págs. 65-87)


SANZ VILLANUEVA, Santos. Lectura de Juan Goytisolo. Anthropos, Barcelona, 1977, 110 p.


BLY, Peter. Reseña de Juan sin tierra. Espiral/Revista, 2, Madrid, Fundamentos, 1977


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